miércoles 24 de agosto de 2011

La cuestión del desencanto


Oldman - Jesiccah-pal
Hay una constante que he comenzado a observar, cada vez de manera más frecuente, entre las personas de mayor edad, una desilusión absoluta ante el mundo que los rodea; pero aún más preocupante, una indiferente resignación ante ese mundo que alguna vez quisieron hacer mejor.

Entiendo que, después de cierto tiempo, las personas tienden a adaptarse a un entorno con el que quizá no están de acuerdo. Pasan los años, y las fuerzas merman, la salud se deteriora y las responsabilidades se imponen. Sin embargo, esto no me parece explicación suficiente para entender ese desencanto tan extendido entre las generaciones más viejas.

Tal vez hay un límite para toda la hipocresía, banalidad y corrupción que una persona puede tolerar. Tal vez cuando se alcanza ese límite tendemos a refugiarnos en vez de seguir luchando por un cambio que parece nunca llegará. Bajo esta premisa, el desencanto de la edad adulta sería mejor descrito como un asco, un asco hacia esa sociedad enferma que se intuye pero que abarca demasiado. Y esa demasía sería la culpable de que todo espíritu combativo se abrumara después de años de una lucha que parecen conducir a nada.

¿Es inevitable esta tendencia al desencanto? No lo creo; pero sí que es la más común. Después de todo, cuánto puede soportar un hombre antes de perder toda fe en un futuro que jamás le tocará presenciar. Sólo los espíritus más fuertes son capaces de soportar esa decadencia de los ideales. Otros, también los menos, subliman parte de ese desencanto personal en la formación de los más jóvenes; transmitiendo sus conocimientos y experiencias pretenden consolidar ese cambio que ellos no pudieron lograr.

Personas que admiro y respeto me han sorprendido con las mismas palabras: “estoy desilusionado(a) de la política… de la sociedad… de la vida”… de un infinito etcétera. Yo mismo, de tiempo en tiempo, me hallo sentado en algún lugar cualquiera preguntándome si, a pesar de todo mi esfuerzo, podré contribuir de alguna forma a cambiar un mundo que se encuentra perdido en un enfermizo sopor. ¿Cómo cambiar algo que nos mantiene cómodos?

Lo ideal sería nunca perder esa actitud crítica-proactiva. En su defecto, transmitir lo aprendido a las generaciones más jóvenes. El cambio, generalmente, no viene de una única iniciativa. Éste detona después de generaciones de insatisfacciones (y críticas). Tal vez nos toque ser la vanguardia material del cambio, tal vez simplemente los ideólogos del mismo. Lo importante es no claudicar.

3 enredos:

Alea dijo...

Es muy cansado ser inconformista, pero supongo que menos costoso si lo hacemos en común. El mundo entero necesita un cambio y lo sabemos. Pero hay quien rechaza proposiciones, iniciativas y esperanzas por ideales enfermizos y orgullos idiotas.
La política está rompiendo los estados, incluso los pueblos pequeños en los que siempre se ponían en común las ideas y las historias.

A veces pienso que aun tenemos que caernos más profundo para por fin unirnos y pedir un cambio social con más fuerza. Espero de todo corazón que para entonces no sea demasiado tarde.

Un saludo!!

Aristoi dijo...

Afortunadamente no son todos así, no hay más que ver lo activos que están o estuvieron personas como Stéphane Hessel (el de "indignaos (Indignez-vous)"), José Saramago, o Santiago Carrillo (un político español.

Lo importante no es sólo no claudicar, quejarse pero proponiendo una alternativa. También están los que critican todo, tanto jóvenes como mayores pero no proponen nada, cosa que me parece la opción fácil que no hay que seguir.

Яakro dijo...

Alea: Es cierto que es cansado ser inconformista, pero también es más saludable que ceder ante una sociedad enferma. Como bien dices, el detalle es hacerlo con otros... Yo también espero ese algo que haga despertar a nuestra dormidísima sociedad...

Aristoi: Cierto, no son ni serán todos. Lo que me alarma es que siento que la proporción es (será) mayor en las generaciones adultas que vienen. Y esto me preocuparía menos si al menos - como bien señalas - las propuestas abundaran...