Aceptando que la esencia del amor es la claudicación del ego en aras de la felicidad de otro, surge una pregunta evidente: ¿qué son todas esas relaciones de pareja que vemos todos los días?
Es claro que – en la mayoría de los casos – no se trata de amor. Se podría inferir entonces que el cariño es suficiente para establecer un compromiso entre dos personas; sin embargo, la observación y la experiencia pueden revelar que, generalmente, basta con la comodidad, la costumbre y la necesidad para forjar una relación de pareja.
Mas el propósito de esta segunda parte no es abordar el tema de las decadentes parejas contemporáneas como resultado de presiones socioemocionales, si no de centrarse en aquellas – pocas – relaciones que si se basan en cariño (considerando que las basadas en amor son prácticamente inexistentes).
Así bien, es necesario aclarar que el cariño puede tener los mismos matices del amor, salvo una característica esencial: no puede someter al egoísmo de una persona. Es decir, por cariño podemos renunciar a infinidad de cosas, menos a nuestra felicidad, o a la posibilidad de ésta (es decir, a nuestra vida).
Sin embargo, hay que admitir que la mayoría de las personas consideran que las relaciones de pareja que tienen, o han tenido, son relaciones basadas en el amor. Esto se debe, en gran medida, a un lenguaje restringido – o quizás a una confusión de conceptos – que nos impide diferenciar claramente entre cariño y amor (términos que suelen usarse como sinónimos). Para reflejar esta concepción generalmente aceptada, me refiero a las relaciones basadas en el cariño como relaciones de “falso amor”.
Ahora, estas relaciones tienden a evolucionar a lo largo de la vida de un individuo. Dicha evolución debe entenderse como una búsqueda porque nuevas relaciones de pareja sean más satisfactorias. Por lo tanto, se puede decir que hay distintos niveles de falso amor, cada uno de ellos más pleno que el anterior. Mas no debe asumirse que una nueva relación necesariamente conlleva moverse hacia un estadio superior dentro de estos niveles, ya que no todas las parejas comienzan por cariño.
Entonces, cuando se pasa de una relación de cariño a una basada en conveniencia, comodidad o necesidad; uno tiende a sentirse insatisfecho con dicha relación. Incluso, cuando se migra entre dos relaciones basadas en cariño, es posible sentirse descontento, pues no hay evolución, si no simple continuidad de un estado de comodidad.
Pero, ¿por qué resultan tan improbables las relaciones basadas en el amor?, ¿debemos conformarnos con el cariño? Estas serán las ideas a desarrollar durante la tercera y última parte.
