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| Trust Me. Please. - cheeseboy18193 |
¿Es ingenuo pensar que el ser humano es bueno por naturaleza? Nuestra
vida cotidiana parece sugerir esto. Sin embargo, es difícil afirmar con
seguridad si los vicios morales que se observan nacen con la persona, o se
imponen tan pronto ésta adquiere cierta consciencia. Independientemente de las
razones que los originan, nadie puede negar que la mentira, la traición y el
egoísmo prevalecen en la mayoría de las personas. Desde luego, existirán
quienes sean menos propensos – más libres – a adoptar estas maneras, pero
irremediablemente todos alguna vez terminaremos cometiendo alguna de ellas.
Ante este escenario, resulta curioso con qué facilidad confiamos en las
personas. No existe una relación de necesidad, sino mera cotidianidad – como
bien señalaría Hume – entre la confianza que depositamos en una persona, y que
ésta no nos dañe de alguna manera. Cuando confiamos en alguien, lo hacemos
suponiendo que conocemos a dicha persona lo suficiente para garantizarnos cierta
seguridad. La confianza es una suerte de expectativa, de saber – o creer saber
– que el depositario de nuestra confianza actuará según lo que esperamos, es
decir que no nos defraudará. Sin embargo, no podemos realmente estar seguros de
esto, pues no existen conexiones reales que obliguen a la otra parte a
comportarse como desearíamos.
La confianza se parece a la fe,
me ha dicho alguna vez un amigo. Yo la he comparado con un juego de azar,
incapaces de prever con quién nos equivocaremos en confiar. El desasosiego que
produce este escenario es evidente: si no somos capaces de confiar en los
demás, ¿podemos construir relaciones interpersonales?
Sin embargo, hasta este punto, la confianza ha sido analizada de manera
simplemente racional. La realidad es que, nuestros juicios, y particularmente
los que vertimos sobre otras personas, no están determinados exclusivamente por
la razón. La intuición, esa suerte de entendimiento inmediato, nos permite
juzgar aquellas cosas que, si abstraemos del mundo por medio de la razón,
pierden significado. Las personas pertenecen al reino de tales cosas, y por lo
tanto la intuición juega un papel determinante para entenderlas.
Si bien la razón parece sugerir cierto escepticismo ante la posibilidad
de una verdadera confianza, la intuición nos permite acceder al entendimiento
necesario para saber en qué personas podemos confiar. Mas no se trata aquí de
justificar una actitud humana sobre bases esotéricas, sino sobre una forma de
entendimiento que hemos relegado pero tan válida como la razón. Sin embargo,
como todo conocimiento humano, la intuición tampoco está exenta de errores de
juicio. Y estos se ven agravados por nuestra incompetencia para utilizar la
intuición libre de las inseguridades y los miedos propios del hombre. La intuición
se encuentra más cerca de las emociones que la razón, y por ello, en una
sociedad desentendida de sus afecciones emocionales, resulta inevitable que sus
miembros sean más bien lerdos para utilizar una intuición purificada de
psicosis.
Confiar no es algo que hagamos bajo el imperio de la razón, se trata de
ejercitar el autoconocimiento que nos permita acceder a una intuición más pura,
más libre de nuestros demonios, y por lo tanto más diestra para juzgar a
quienes se mueven con nosotros por el mundo.


