lunes 9 de noviembre de 2009

Algunas ideas sobre el amor (Segunda parte)

Aceptando que la esencia del amor es la claudicación del ego en aras de la felicidad de otro, surge una pregunta evidente: ¿qué son todas esas relaciones de pareja que vemos todos los días?


Es claro que – en la mayoría de los casos – no se trata de amor. Se podría inferir entonces que el cariño es suficiente para establecer un compromiso entre dos personas; sin embargo, la observación y la experiencia pueden revelar que, generalmente, basta con la comodidad, la costumbre y la necesidad para forjar una relación de pareja.


Mas el propósito de esta segunda parte no es abordar el tema de las decadentes parejas contemporáneas como resultado de presiones socioemocionales, si no de centrarse en aquellas – pocas – relaciones que si se basan en cariño (considerando que las basadas en amor son prácticamente inexistentes).


Así bien, es necesario aclarar que el cariño puede tener los mismos matices del amor, salvo una característica esencial: no puede someter al egoísmo de una persona. Es decir, por cariño podemos renunciar a infinidad de cosas, menos a nuestra felicidad, o a la posibilidad de ésta (es decir, a nuestra vida).


Sin embargo, hay que admitir que la mayoría de las personas consideran que las relaciones de pareja que tienen, o han tenido, son relaciones basadas en el amor. Esto se debe, en gran medida, a un lenguaje restringido – o quizás a una confusión de conceptos – que nos impide diferenciar claramente entre cariño y amor (términos que suelen usarse como sinónimos). Para reflejar esta concepción generalmente aceptada, me refiero a las relaciones basadas en el cariño como relaciones de “falso amor”.


Ahora, estas relaciones tienden a evolucionar a lo largo de la vida de un individuo. Dicha evolución debe entenderse como una búsqueda porque nuevas relaciones de pareja sean más satisfactorias. Por lo tanto, se puede decir que hay distintos niveles de falso amor, cada uno de ellos más pleno que el anterior. Mas no debe asumirse que una nueva relación necesariamente conlleva moverse hacia un estadio superior dentro de estos niveles, ya que no todas las parejas comienzan por cariño.


Entonces, cuando se pasa de una relación de cariño a una basada en conveniencia, comodidad o necesidad; uno tiende a sentirse insatisfecho con dicha relación. Incluso, cuando se migra entre dos relaciones basadas en cariño, es posible sentirse descontento, pues no hay evolución, si no simple continuidad de un estado de comodidad.


Pero, ¿por qué resultan tan improbables las relaciones basadas en el amor?, ¿debemos conformarnos con el cariño? Estas serán las ideas a desarrollar durante la tercera y última parte.

domingo 13 de julio de 2008

Algunas ideas sobre el amor (Primera parte)

Partamos de una premisa sencilla: el amor no se puede definir. Así como cada cabeza es un universo, cada corazón tiene sus muy particulares formas de amar. Sin embargo, hay ciertos aspectos que podrían considerarse generales al hablar del amor. He aquí algunos de ellos.


Si bien no se puede definir el amor, tanto poetas como filósofos han logrado interesantes aproximaciones:

Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz.
George Sand (Escritora francesa)


Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad.
G. W. Leibniz (Filósofo, físico y matemático alemán)

De estas citas, así como de otras lecturas y varias reflexiones, he llegado a la conclusión de que la esencia del amor (mas no su definición) se encuentra en querer a alguien de tal forma que nos importe más su felicidad que la propia. Desde luego, esta afirmación plantea un interesante cuestionamiento ¿cómo saber si se quiere a alguien más que a uno mismo?

Decir que queremos a alguien con tal magnitud es fácil, probarlo no lo es. Primero, debemos recordar que el ser humano es egoísta (existencialmente) por naturaleza. Es decir, por sobre todas las cosas, uno siempre preferirá la felicidad propia sobre la ajena. Esto no es cuestión de moral o ética, si no de una condición intrínseca del hombre: somos, a pesar de todo, animales programados para sobrevivir. Y si bien somos entes sociales, esa sociabilidad se originó precisamente en la conveniencia individualista ante depredadores y condiciones adversas.

Con el tiempo, el hombre consolidó su hegemonía sobre el resto de las especies, y sobrevivir ya no era el objetivo de su existencia, su felicidad lo era entonces. Pero la felicidad es tan difícil de definir como el amor mismo. No obstante, todos buscamos esa dicha que le de significado a nuestra existencia, y buscamos la significancia para nuestra propia vida, no para la de los demás.

Sin embargo, si el amor es encontrar la felicidad propia en la felicidad de alguien más, entonces el amor es, en esencia y de cierta forma, la capitulación de nuestro ego. Y en esto radica precisamente la increíble belleza del amor, en que es capaz de trasladar nuestra felicidad a la dicha de otra persona. Pero se mantiene un cuestionamiento: ¿Cómo saber si amamos a alguien o sólo le queremos?

Por cariño, uno puede renunciar a bienes y tiempo, pero no a su felicidad. Así bien, dejar de comprar un coche o perderse unas vacaciones no es necesariamente signo de amor; si lo es, sin embargo, renunciar a la oportunidad de ser feliz, de estar vivo (que es la única condición real para alcanzar nuestra felicidad potencial). Entonces, hay una prueba para confirmar o desmentir el amor proclamado: dar a elegir a la persona entre su vida y la de su pareja. Alguien que amara, elegiría perder su existencia si de esa manera puede conservar la vida (y así, el potencial para ser feliz) de la otra persona.

Desde luego, es imposible lograr las condiciones para probar a todas las parejas que juran amarse más que a sus propias vidas. Decir las cosas es fácil, hacerlas no. Para que el experimento fuese posible, sería necesario que las parejas estuvieran convencidas de que sólo uno sobrevivirá. Experimentar de esa forma sería, claro, inverosímil e ilegal.

Así bien, en esencia, amar es renunciar al egoísmo en aras de la felicidad de la persona que se ama. Esto sin embargo no es una definición de amor, pues ello implicaría aclarar las mariposas en el estomago, el brillo en los ojos, la risa boba en todo momento, y demás síntomas que simplemente puedo especular son las formas que el corazón tiene para demostrar que se encuentra satisfecho.